Durante todo ese tiempo se realizaron varios intentos para buscar lo que se llama canales de distribución.
El material a distribuir estaba para que cualquier organización que tenga ideas de colocación de los productos haga su propuesta, pero el círculo cercano no era el adecuado para dicha acción. Era tan doméstico y artesanal el planteamiento que solo convenía escapar. Las propuestas eran mal entendidas y mal formuladas. Eran domésticas y artesanales. Los círculos cercanos eran y son esos conglomerados humanos a lo que uno pertenece de acuerdo al medio y el poder adquisitivo. Está claro que ante la oferta tan técnica como la que se estaba ofreciendo poco y nada se podía hacer.
Hubo intentos de querer aportar capital. La literatura dice que uno aporta el capital y el otro el trabajo. Desde el primer año se formularon ideas con respecto a ese tema. Sugerían formas de vender y trabajar. Pero hay dos cosas que siempre confundieron a quienes aportaban su interés. Cuanto debía ser el capital para obtener sus esperadas ganancias y a que específicamente estaban apostando.
Con respecto al capital eso lo vamos a resumir en pocas palabras. La propuesta equivalía al dinero que circulaba en un par de meses. Algunos hablaban de crear manuales, cajitas, crear páginas web, apoyar en la papelería, y a lo mas apoyar anímicamente mientras se vendía. Nunca entendieron que eso siempre estuvo resuelto, lo que faltaba era distribuir a gran escala. Los capitalistas esperaban que ya estuviera la cadena de distribución, los contactos, los conocimientos de lo que estaba vendiendo. O sea, se imaginaban que ellos era los dueños del taxi y yo el conductor. Y era precisamente al revés.
Y con respecto a lo que se estaba vendiendo, tampoco entendían el concepto de las versiones. Si negociaban distribuir el sistema de remuneraciones, se imaginaban que todos lo que yo realizaba con respecto a ese producto, era parte de los que ellos vendían. Es decir, quedaba automáticamente ligado a ellos. Nunca entendieron que había que simular que si ellos venden una versión, es como si me compran internamente el producto y luego lo instalan, capacitan, dan asesorías y posteriormente se les ofrece otra versión, donde nuevamente la adquieren. No. No era así. Pensaban que además yo debía instalar, capacitar, asesorar. Algunos clientes, a las cuales les vendí el programa, recomendaron ese programa a otro cliente, y sintieron que tenían parte, no en la comisión, sino que en el producto. Lo mismo si aportaban alguna idea, sea legal o de funcionamiento, creían tener una propiedad en el producto, para siempre. Peor, si continuamos con la analogía del taxi, el pasajero que sugería al chofer un nuevo recorrido, creía tener propiedad sobre las ganancias del taxi a futuro y para siempre.
Así entendí que gran parte de las empresas de software, nacionales e internacionales, deben crear sus propios canales de distribución. Y el contra ejemplo, cuando una empresa grande invita a al creador del software, a asociarse, este último se transforma en empleado, lo arrinconan poco a poco hasta hacerlo desaparecer.
Entonces no me queda otra alternativa que armar mis propias redes de distribución. Se acabó el sueño de escribir un libro y que sea la editorial, la librería la que se encarga de distribuir.
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