Un cliente, que utiliza el programa para llevar los costos asociados en su producción, me llamó compungido porque el lunes a primera hora tenía la reunión mensual de directorio. El balance estaba incompleto.
Astutamente, como un ahogado pregonando que le tiren un salvavidas, me sugirió que habilitara una opción en el programa para recuperar comprobantes contables de meses anteriores, así él cambiaría los montos involucrados y luego almacenar en el mes actual. La mayoría de los comprobantes, centralización de sueldos, corrección monetaria de activos, distribución de gastos, y principalmente los costos de producción, donde para cada producto se registra conversión de materias primas a productos terminado, con sus respectivos costos de ventas, se repiten mes a mes. Buena idea. Abrí el programa, me situé en el módulo de comprobantes y adicioné un botón para preguntar qué comprobante desea recuperar, trayéndolo a memoria para que el usuario lo almacene en el mes actual. Me demoré exactamente cuarenta y cinco minutos. ¿Cuánto vale esa operación? Este es uno de los pocos clientes que utiliza el módulo de producción llevando la contabilidad prolijamente. Es el único que tiene un plan de cuenta extremadamente abierto, involucrando cada uno de los productos terminados con cada uno de sus componentes. Es el único cliente que utiliza la propiedad para que el plan de cuenta, definido a cuatro niveles, se abra a nivel siete en los grupos de existencias que involucra los materiales. Es ingeniería de alto nivel. Con este sistema, sin apoyarse en un sistema adicional, conoce el costo exacto de cada producto terminado.
Astutamente, como un ahogado pregonando que le tiren un salvavidas, me sugirió que habilitara una opción en el programa para recuperar comprobantes contables de meses anteriores, así él cambiaría los montos involucrados y luego almacenar en el mes actual. La mayoría de los comprobantes, centralización de sueldos, corrección monetaria de activos, distribución de gastos, y principalmente los costos de producción, donde para cada producto se registra conversión de materias primas a productos terminado, con sus respectivos costos de ventas, se repiten mes a mes. Buena idea. Abrí el programa, me situé en el módulo de comprobantes y adicioné un botón para preguntar qué comprobante desea recuperar, trayéndolo a memoria para que el usuario lo almacene en el mes actual. Me demoré exactamente cuarenta y cinco minutos. ¿Cuánto vale esa operación? Este es uno de los pocos clientes que utiliza el módulo de producción llevando la contabilidad prolijamente. Es el único que tiene un plan de cuenta extremadamente abierto, involucrando cada uno de los productos terminados con cada uno de sus componentes. Es el único cliente que utiliza la propiedad para que el plan de cuenta, definido a cuatro niveles, se abra a nivel siete en los grupos de existencias que involucra los materiales. Es ingeniería de alto nivel. Con este sistema, sin apoyarse en un sistema adicional, conoce el costo exacto de cada producto terminado.
Este es un relato que muy a pesar me lleva a sacar estas conclusiones apresuradas y antojadizas. Las herramientas siguen siendo tal. No es el software que los saca de apuro, sino que es la aplicación, como un sistema compuesto entre la habilidad e ingenio del usuario para estructurar sus procedimientos más las propiedades de la herramienta, en este caso el programa, la que se mide ese día lunes cuando se muestre el balance en la respectiva reunión de directorio. ¿Cómo se demuestra? Muy simple. Si en esa empresa retiramos el software, ese personaje hábil utilizará recursos más elementales para obtener el mismo resultado. Seguramente no lo logrará en el mismo tiempo, será con menor eficacia, porque para obtener el mismo grado de información necesitaría más personas ingresado información en libros auxiliares, Sin embargo, al revés, si retiramos a ese ingenioso administrador y dejamos solo al software, administrado por un personaje de mercado, la probabilidad de obtener resultados valiosos, similares a los del primer caso, es como sentar un mono en un piano y que interprete la quinta sinfonía.
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