viernes, 18 de junio de 2010

Cómo llueve

Llovía en la mañana de hoy, fuerte. Estaba con un futuro cliente definiendo, o mejor dicho comentando, el futuro de su empresa aplicando el nuevo enfoque que daría su nuevo sistema de gestión.
Digo comentando, porque por dios que disfruto cuando la gente habla utilizando la inteligencia del sentido común. Esa inteligencia que se aplica cuando lo que quiere decir no es necesario explicarlo por segunda vez porque se entiende con ejemplos simples y cotidianos. 

Su empresa era compleja, me contaba, y las relaciones humanas dentro de ella igual. Me explicaba que cuando joven había practicado un sistema donde todos los artistas se sentaban en escritorios equidistantes y en círculos. Lo principal es que no tenían jefe. Se denominaban artistas porque ejercían la profesión de publicista. Habían dibujantes, trazadores, maquetistas, proyectistas, y otros mas que no recuerdo. Fue exacto porque los enumeró de memoria. Cada uno de nosotros, continuó, ocupamos los distintos escritorios, rotábamos y terminábamos conocedores de cada una de las actividades.

Pero expertos solo en algunas. De esa forma, cuando el trabajo se distribuía en los distintos escritorios, cada uno conocía lo que tenía que hacer el otro, y se ejercía control en la actividad misma. Si uno estaba realizando un esbozo de lo que sería la futura proyección, el experto en esbozos participaba criticando lo que ese hacía, mientras otro le sugería cosas de lo que él hacía. 

Ese esquema, me contaba, se practicaba en el renacimiento, en Italia, cuando los artistas se reunían para desarrollar una obra. El quería aplicar ese mismo esquema en su empresa. Rotaba al personal en bodega, ventas, cobranza, despacho, y así, pero absolutamente sin ningún resultado. 

El esperaba que ellos mismos se identifiquen en su mejor actividad, que ellos mismo se critiquen, según sus habilidades, pero sin resultado. 

En eso llegó uno de sus empleados, con el paraguas cerrado, considerando la fuerte lluvia, y se plantó frente a su patrón y en un tono golpeado, le increpó. 

- Mire como estoy de mojado. Don Manuel. Míreme bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario