martes, 16 de marzo de 2010

Perdi mi agenda

Perdí la agenda. Nuevamente estoy sin rumbo. No es bueno basarse en la memoria para recordar algún pasaje del pasado.
La agenda a mi no solo me sirve para anotar los compromisos futuros, sino que como vivo analizando como lo pasé, que hice, como fue, y es muy simple, recurro a la agenda y leo tal cual como lo viví.

Dependiendo como esté de ánimo, o como estuve de ánimo ese día, la escritura resulta ser bastante detallista. No lo hago como una disciplina para ser mejor ejecutivo sino que simplemente me da placer. Así como a algunas personas les gusta pulir el auto y tenerlo brillante, o a otros les gusta lavarse las manos hasta dejarlas casi transparente, a mi me gusta escribir. Para mi no hay escrito fome. Son todos igualmente intenso. Lo siento así cuando los leo nuevamente.

No hay placer mas básico que leer mi narrativa. La agenda, que era un cuaderno con tapa dura, un poco mas de batalla que los cuadernos baratos, me permitía escribir en cualquier lugar. Y ahí desembocaban los pensamientos mas extraños, espontáneos, antojadizos, que se yo. Como digo, dependiendo del estado de ánimo. Siempre pensando que ya crearán esas agendas portátiles que permiten escribir, a una velocidad decente, no letra por letra, y acumular ahí lo que uno quiera, la cantidad que uno quiera. Ya existen esos portátiles, esos celulares que permiten de todo, pero que solo los ocupo para hablar y solo cuando me llaman, porque tampoco soy muy bueno para hablar, menos por teléfono, por lo que el próximo que compre será un celular con una potente máquina fotográfica.

También pensé en computador portátil, por lo cual me compré un netbook, por lo pequeño, pero todo mal. Tampoco lo ando trayendo.

Y así es como terminé perdiendo el cuaderno donde anotaba lo diario. La verdad que reconstruirlo es imposible. Se fueron un montón de pensamientos extraños, pensados solo en esos momentos en que no cabe otra posibilidad que pensar. Algo así como andar inspirado. Me imagino a un escritor que se sienta frente a su computador y dice ahora voy a escribir, y no está inspirado. ¿Qué resulta de eso? Lo contrario a ir en el metro y estar inspirado. Abrir el cuaderno, tomar el lápiz, menos de un segundo y escribir lo que en ese momento se estaba pensando.

Ahí no importa la calidad del pensamiento, porque son propios. Sería de pésimo gusto pensar algo y después arrepentirse de lo que se estaba pensando. Se supone que todo lo que se piensa es propio de ser pensando. Podrán ser pensamientos negros, sucios, malintencionados, pero son de uno. Hay que quererse un poco. Y ahí está la gracia. Si anoto lo que estaba pensando, después al leerme nuevamente evalúo si lo pensado esta a la altura de uno.

Creo que ahora me estoy entendiendo. Uno escribe para leerse. Lo ideal sería escribir para que nos lean, pero en lo particular escribo para después leerme. Es como si no lo hubiera escrito yo. Las lecturas de mis escritos es proporcional a la cantidad de los escritos. No a la calidad. Como dije recién, que importa lo que escribo si es lo que estaba pensando. Quizás lo lógico es cuestionar la calidad del pensamiento de ese momento. Lo escrito es una consecuencia.

Volveré a la técnica que usaba en mis tiempos de estudiante. Cuando solo tomaba apuntes, pero apuntes al estilo de telegramas. Sin artículos, sin conjugar los verbos, sin terminar las frases. Puros garabatos, además de una letra pésima. Mal me fue en los tiempos de la secundaria, porque ahí revisaban los cuadernos, y según las profesoras, y tenían razón, eran verdaderos mamarrachos.

En la Universidad tampoco usaba cuadernos. Para eso estaban los libros o las guías. Pero me gustaba escribir. Escribía en cuadernos y nada relacionado con lo que tenía que escribir. Mala idea. Porque si hubiera dedicado ese esfuerzo en escribir los temas relacionados con las clases, o las tareas, o los informes de laboratorios, realmente habría destacado. No con buenas notas, pero si porque escribía. No es común que la gente escriba. La gente escribe cada días menos.

Ya en el plano laboral sentí que me faltaba algo. Para ordenar. Veía como algunos compañeros de trabajo llevaban los mismo cuadernos rascas que ahora uso, pero escritos. En orden, cronológicos, con temas importantes y secundarios, conclusiones y próximas tareas. Y ahí tomé el hábito. Tomé un cuaderno y me largué a escribir lo que estaba viviendo. No solo el compromiso, sino que sentí, como lo pasé y conclusiones relacionadas con las personas.

Al principio me preocupaba de portar buenos cuadernos y buenas lapiceras. Pero varias se perdieron y no era barato reponerlas. Además los lápices son recuerdos, al menos para mi, por si solos. Al final los coleccioné. Al igual que los cuadernos. Feos, incompletos, con la mitad de las hojas, pero con escritos. Pero al leerlos van configurando un día, y uno se transporta a la época, y se reviven los hechos tal cual como ocurrieron, y ahí viene lo mejor, uno concluye como debió haber sido. Que debí haber dicho o hecho. Una tortura. O perdida de tiempo, Que importancia tiene preocuparse de algo que ya pasó, sobre todo cuando se tiene harto que pensar para el futuro, Pero a mi me gusta. Y porque, por una razón muy simple. Todas son historias para mi. Al leerlas y recordarlas siento que lo que estaba viviendo en ese momento era importante para mi. Por algo las escribí. Es mas, quedo con gusto a poco. Me habría gustado haber tenido mas dedicación y haber escrito mas extenso. Los hechos estarían graficados con mas detalle.

Escribo muchos manuales y cosas técnicas, pero no disfruto leyendo esas hojas, a pesar que el esfuerzo de escribir es el mismo. Pero mientras no tengan algo de mi, no tiene ningún sentido. Ahí quedan acumulados.

Pero los computadores ahora ayudan mucho. A pesar que ya tengo mis años, me salté la etapa de escribir a máquina. Tuve la suerte de escribir siempre en computadores. Da lo mismo que el computador al principio haya sido precario en cuanto a tecnología, pero para escribir siempre fue suficiente. Lo mismo las impresoras. 

Quizás lo deficiente fue el respaldo. Los escritos quedaban diseminados en los computadores que por trabajo tenía al frente, pero a veces los respaldaba en disquette, los copiaba al siguiente computador, pero finalmente los perdía. 

La tecnología para mi fue evolucionando muy rápido. Así fue como los respaldos computacionales se perdieron pero no así muchos de los cuadernos. Recién los últimos 5 años conservo cada uno de las cosas que hago en el computador. Sea de trabajo o personal. 

Que división mas estúpida.

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