A fines de la década de los ochenta y los primeros años de la década de los 90, escribí, mejor dicho programé una máquina, que llamé maquinita, para apoyarme en las operaciones rutinarias desarrollabas en programación.
Estas operaciones eran tres principalmente.
Una era definir una aplicación en términos de la cantidad de archivos de datos que utilizaría.
Luego los formularios de entrada de datos asociados a cada archivo y finalmente los informes correspondientes, también asociados a cada archivo.
Estas operaciones eran tres principalmente.
Una era definir una aplicación en términos de la cantidad de archivos de datos que utilizaría.
Luego los formularios de entrada de datos asociados a cada archivo y finalmente los informes correspondientes, también asociados a cada archivo.
Habían varias variables que considerar. Una era la oportunidad de tener el computador disponible. En realidad no era el computador, era una pantalla del computador. El computador por lo general era un mostruito impersonal que siempre estaba presente. Eran las pantallas que se conectaban las escasas.
Luego era conseguirse un programador para traspasarle la información de los archivos para que las codifique. El traspaso se escribía en unos formularios especiales para confeccionar lo que se llamaba Descripción de Archivos.
Nunca existían. Cada empresa creaba sus propios formularios. En imprenta. Yo alcancé a piratear varios, pero no estaban a mi medida. Yo tenía en mente descripción de archivos modernos, de poca complejidad, para que el traspaso al programador sea sin trauma.
La búsqueda de saltarse ese paso era mi principal motivación. Ya existían conceptos avanzados. Ya se usaba que los mismos diseñadores de sistemas escribieran directamente las descripción de registros en el mismo computador. Pero yo iba mas lejos.
Luego era conseguirse un programador para traspasarle la información de los archivos para que las codifique. El traspaso se escribía en unos formularios especiales para confeccionar lo que se llamaba Descripción de Archivos.
Nunca existían. Cada empresa creaba sus propios formularios. En imprenta. Yo alcancé a piratear varios, pero no estaban a mi medida. Yo tenía en mente descripción de archivos modernos, de poca complejidad, para que el traspaso al programador sea sin trauma.
La búsqueda de saltarse ese paso era mi principal motivación. Ya existían conceptos avanzados. Ya se usaba que los mismos diseñadores de sistemas escribieran directamente las descripción de registros en el mismo computador. Pero yo iba mas lejos.
Establecí que el mismo usuario escriba sobre un archivo de texto, la descripción del archivo deseado. En un formato libre. Solo tenía que identificar las variables principales con un caracter definido de antemano. Un ampersar(&) por ejemplo, un signo peso, o un gato.
Una vez que el usuario tenía un borrador de la descripción de archivo, pasaba mi máquina y rescataba desde ese texto libre el nombre del archivo, los campos y su tipo correspondiente. Alfanumérico, numérico, fecha, y nada mas. Prohibido complicar al usuario.
La máquina construía en archivos internos el trozo del programa debidamente codificado. El usuario podía escribir en ese texto, comentarios propios, para que servía el archivo, quienes lo utilizarían, validaciones, además de subrayar, ordenar con títulos, subtitulos, etc.
Ese texto formaba parte de su propia documentación.
Una vez que el usuario tenía un borrador de la descripción de archivo, pasaba mi máquina y rescataba desde ese texto libre el nombre del archivo, los campos y su tipo correspondiente. Alfanumérico, numérico, fecha, y nada mas. Prohibido complicar al usuario.
La máquina construía en archivos internos el trozo del programa debidamente codificado. El usuario podía escribir en ese texto, comentarios propios, para que servía el archivo, quienes lo utilizarían, validaciones, además de subrayar, ordenar con títulos, subtitulos, etc.
Ese texto formaba parte de su propia documentación.
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