domingo, 5 de julio de 2009

¿Lista la pega?

Las empresas se ganan su prestigio de acuerdo a la estabilidad que dan a sus empleados.
Y estos últimos, si existe estabilidad, son leales en cuanto a la forma pero en el fondo siguen aflorando las costumbres que traen desde el barrio o de su familia.

A veces es claro que una empresa necesita que sus empleados se preocupen más del fondo y no de la forma. Yo cuido mi trabajo. ¿Por qué? Pregunto. Porque me pagan sagradamente los fines de mes y puedo faltar cuando quiero. Sin dar ninguna otra razón de peso. 

De la persona que hablo se ocupa de los temas administrativos, liquida los sueldos, lleva la contabilidad al día, representa a la empresa en la inspección del trabajo, redacta cartas, despide gente, y hace de todo: lo que se le ocurra al dueño. 

Esas personas que son extraordinariamente leales, por lo general han vuelto a la empresa después que ellos mismo tuvieron la osadía de irse hace unos cuantos años. Creyeron que afuera les iba a ir mejor, ganaron un poco más de dinero pero al paso del tiempo la vieron negra. Vuelven con la cola entre las piernas y ahí se entregan por completo. 

Los dueños saben de dicha maniobra. Por eso lo reciben con los brazos abiertos aunque ponen cara que lo van a pensar y de paso lo tramitan un poco. 

Lentamente le van dando de nuevo las mismas atribuciones que tenía antes de marcharse e incluso, como prueba de lo que digo, le asignan casi el control total. Pero le pagan sólo un poco más de lo que le pagaban antes. O sea ganancia total. Se quedan por años en la empresa y le sacan el jugo. 

Es una muy buena técnica dejar que el empleado se marche, porque vuelve al tiempo mansito y entregado.

Los que somos chicos y no podemos albergar a los arrepentidos, recurrimos a estos tipos de profesionales para nuestras cosas extraordinarias. 

Uno de mis clientes había comprado uno de mis sistemas pero no lograba partir. Entonces le ofrecí apoyo de esta profesional con seguridad de éxito porque en la empresa donde trabaja tienen el mismo sistema. Como siempre tiene tiempo se ofrece en realizar ese trabajo en una tarde, que es lo que demora en su empresa en la liquidación de los sueldos.

Ningún problema. Pero lo que se podía hacer en una tarde, fue necesario ir de nuevo, como se le pagaba por hora, fue varios días. Haciendo caja, me dijo.

Apuradas liquidaron los sueldos y a medio día se fue rauda a su empresa, porque consideró que estaba faltando más de la cuenta. 

Cuando pasé tarde ya casi de noche, para otra actividad, advertí que habían como veinte personas en la recepción esperando su liquidación. De pronto entra una persona de administración pidiendo ayuda para imprimir la liquidación. 

Nada de eso estaba preparado. Ni imaginar si yo no hubiera estado por casualidad y con todo el personal esperando en la recepción. 

Al otro día llamé a esta profesional y muy suelta de cuerpo me respondió que esa no era su función. 

Nunca entendió que el ciclo terminaba con el personal liquidado. 

Y en su empresa a veces la he visto barriendo los excrementos de los gatos de la dueña.

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